PESCANDO SOBRE LA PETRA
                                                     Este artículo mío fue publicado en Pesca a Bordo en 2002

Imagen en la sonda de este pequeño pecio con imágenes de seriolas a media agua
    

    Aquel día de finales de agosto queríamos hacer una breve jornada de pesca, de 3 o 4 horas, huyendo del abrasador sol de las horas centrales del día. Por ello, un poco antes de amanecer, nos dirigimos a un lugar distante del faro unas 3 millas , donde reposaba de sus faenas marineras un conocido pesquero, “La Petra”.
     Había sido hundida hacía unos 10 años en 24 metros de sonda frente al Cabo Cervera. Precisamente en ese enclave y durante los pasados meses invernales, se habían refugiado cientos de pequeñas doradas que se habían escapado de las jaulas de engorde de una piscifactoría cercana.

    

Dorada de piscifactoria. Se distingue fácilmente de la salvaje, por el desgaste de las puntas de su aleta caudal producido por el roce en la malla de las jaulas
    
Sabíamos que eran de allí, pues tal como se ve en la foto, sus características anatómicas difieren de las doradas salvajes. Las aletas caudales de aquellas están desgastadas por el roce en las mallas de la jaula, su lomo es mas curvo y tienen una mancha oscura en el opérculo mucho mas acusada que la dorada salvaje.
     Aquel día no capturamos ninguna pero en cambio nos vimos agradablemente sorprendidos por la presencia inusitada de un banco de roncadores( foto de mas abajo) de un tamaño mas grande de lo común, que entraban con decisión a los trocitos de halacha con la que cebábamos nuestros anzuelos. Su brava defensa, la utilización de cañas ligeras y aparejos finos y el hecho de enganchar a menudo dos o 3 ejemplares a la vez, aseguraron una franca diversión durante dos o 3 horas.
    

    Es increíble la capacidad de atracción que ejercen los pecios sobre los peces, aunque aquellos sean tan pequeños como este, que como mucho tiene 15 metros de eslora por 3 o 4 de manga. Sobre ellos encuentran los peces refugio frente a las redes barrederas. También hallan comida, porque en estos escollos artificiales se engendran corrientes ascendentes de plancton del que se nutren otros peces.

    Deduje posteriormente, al limpiar el pescado en casa, que se habían agrupado para frezar. La hembras con sus vientres repletos de hueva pesaban unos 300 gr. y medían de 28 a 30 cm . calculándoles unos 7 a 8 años de edad. En cambio los machos, a los que apretando recién cogidos su vientre, soltaban esperma, eran de un tamaño de 20 a 22 cm , y tenían un peso de unos 100 a 180 gr. teniendo una edad aproximada de 4 o 5 años.

    A lo largo de los años he podido comprobar que multitud de especies, a menudo solitarias, o que viven el resto del año en pequeños grupos, se reúnen en sitios puntuales para frezar. Así lo hacen la seriolas adultas, los dentones, las samas o los cabrachos, que aunque de ordinario cazan y viven aisladamente, se agrupan para la freza en bancos numerosos. Lo hacen especialmente en torno a barcos hundidos o en ciertos enclaves rocosos, ricos en gorgonias, de aguas más profundas.

    Cuando pescamos en estas profundidades de 20 o 24 m ., que en verano frecuentan las sorelas, ( Decapterus ronchus ) ( arriba a la izda) y las palominas, (Traquinotus ovatus) ( a la derecha), ponemos una bolsa de angüado (hecho a base de alachas picadas, arena y pan) al costado del barco, para que su olor y las partículas desprendidas atraigan a aquellos.
    Nuestra sorpresa fue la aparición casi en superficie de un banco de bogas tremendamente activas que se movían excitadas bajo la nube de arena y pan desprendida del anguado. Pero es que además, al poco, teníamos al costado del barco una confiada, hambrienta y oscura águila marina ( Myliobatis aquila) que de vez en cuando daba mordiscos en la bolsa de anguado que se agitaba en la superficie movida por las olas. Pese a nuestro deseo de dejarla en paz, fue inevitable que fuera prendida en una de nuestros aparejos; el de César. Es asombrosa la potencia de las finas cañas de grafito actuales. En esta ocasión una Italcanna de 5 metros . Con una facilidad pasmosa César dominó a este potente bicho que tendría mas de 5 kilos. Ya en cubierta, con cuidado, hurtando los dedos a la amenaza del punzón venenoso de su cola, le desprendimos el anzuelo y con ayuda del mismo salabre lo devolvimos al agua.

     Recordé poco después, que en un vídeo que poseo del pecio sumergido, se veían algunas seriolas de tamaño mediano por lo que preparé una caña con aparejo fino ( del 0,35 y sin plomo), y encarné un sardina pequeña lanzándola lejos huyendo del acoso de las voraces bogas. Al poco un gran tirón arqueba la fina caña.Tras una bonita faena, con espectaculares saltos incluidos, pudimos salabrar una seriola de poco mas de kilo.
    
    Frente a nosotros estaba fondeado el “Quator dos” de unos amigos de Torrevieja, que con gentileza, pese a que habíamos llegado juntos, nos había cedido la vez para fondearnos sobre el pecio. En esta ocasión y pese a que nuestro fondeo fue certero, y veíamos en la sonda, las manchas blanco azuladas de pescado y las rojas del casco del barco hundido, no caímos exactamente, tal como lo hicieron ellos, en la vertical del pecio. Nosotros entrábamos y salíamos según las guiñadas del “Chambel dos”. Por ello nuestras capturas , este día fueron mas reducidas aunque suficientes para que todos pasáramos una jornada muy agradable.
     La única pega de este pequeño pecio "devorador de anclas" es que con una facilidad pasmosa (y pese a nuestra larga experiencia con pecios), se queda nuestro "hierro" y cabo, añadido entoncesa los restos de este pequeño barco de pesca, Es como si se vengara de que le interrumpiéramos su eterno descanso en el fondo del mar
  Ver Peces roncadores                                     Volver a INDICE