PESCANDO EN EL PECIO DEL MERO DENTON![]() Nuestro primer mero dentón, pescado en ese pecio, pesó 6 kg |
|---|
Habíamos elegido cuidadosamente el día para ir allá. El pecio al que nos dirigíamos, está hundido a 80 metros de profundidad, a unas 24 millas de Torrevieja nuestro puerto base. Dada su situación en el fondo del mar-dirección E-O- y la red que en parte lo cubre, habíamos comprobado otras veces, que si no había excesiva corriente, el viento ideal para pescarlo era cuando soplase un E flojo que nos permitiría pescar sobre una zona del barco hundido mas rica en vida animal.
Yo navegaba canturreando, alegre. El pronóstico era bueno y la pesca sobre este pecio me hacía mucha ilusión, pues sobre el habíamos conseguido otras veces pargos chopas, brótolas y en un par de ocasiones meros dentones. Cuando el plotter me indicó que faltaban un par de millas, preparamos la baliza o "rodaor" para señalar el pecio. Una vez balizado el naufragio, la boya nos serviría además para conocer la dirección de la corriente. Una vez fondeada la baliza, coloqué el barco junto a ella para ver la deriva. Parecía que la corriente no era muy intensa, pero el viento, entonces del Norte, me obligó a fondearme junto a la red que hay sobre el hundimiento, para caer en el sitio adecuado.
El ancla que utilizamos, es muy liviana, de brazos flexibles y sin uñas. Va entalingada de la cruz y no del arganeo, unido éste a la cadena por una fuerte ligada. Ahora, eso sí, llevamos una cadena calibrada que nos permite izarla totalmente con el molinete. Tiene además 11 metros de largo, pese a que el Chambel dos solo tiene 7,60 de eslora, y teóricamente necesitaría solo unos 8 metros de cadena. Ello nos facilita fondearnos con bastante precisión pese al poco peso del ancla. Para izarla, contamos con un magnífico molinete de 500 Kg de fuerza. Pronto empezamos a subir besugos, la mayor parte pequeños, que devolvíamos al mar, reservando algunos para cebo vivo. Uno de estos iría al fondo en busca de chernas o congrios. Otro fue calado a unos 20 metros de profundidad mediante el aparejo de una caña de 80 libras. Un globo, ligado a la línea, nos alejó el cebo del barco. Habíamos visto cerca un pez espada y a veces se consigue así alguna picada. Esta vez no hubo resultado con ninguna de las dos cañas grandes. Sebastián y luego Antonio clavaron sendas brótolas que tuvieron que despegar hábilmente del fondo ya que esa clase de pescado intenta siempre encuevarse. Poco después subía yo un bonito pargo de de cerca del kilo. A Sebastián un bicho enorme, dando un fuerte tirón, le metió irresistiblemente la puntera debajo del agua, rompiendo el aparejo a continuación.
Yo clavé una buena pieza que me divirtió inicialmente con su bravura. Luego comprobé que se comportaba como un congrio, dejádose subir pesadamente para de vez en cuando irse con fuerza hacia el fondo. Resultó ser una preciosa morena de 2 kilos que desde el fondo del salabre nos miraba con sus ojos iracundos y su boca amenazadora. -!Este es muy gordo! -aseguró. Inicialmente lo trató con dureza para impedir que el animal se refugiase dentro del pecio. Luego lo vi trabajarlo con calma y maestría cediendo a intervalos metros de línea cuando el bicho se iba inconteniblemente hacia el fondo. Poco a poco lo fue elevando, sin prisas pero continuadamente Sebastián y yo retiramos rápidamentre nuestras líneas para no estorbar la faena y luego nos pusimos a su lado, uno con el salabre y yo con el bichero, por si se trataba de un gran congrio. Al poco lo vimos subir. Nos quedamos electrizados. Una gran cherna se debatía aún furiosa del extremo del sedal mostrando una gran boca abierta. Sebastián intentó meterla en el salabre, pero al ver yo su tamaño, con un decidido tirón la enganché con el bichero. Una gran alegría nos colmó a todos. Antonio, aunque veterano en estas lides, estaba que no cabía en sí de gozo.
Instantes después el precioso animal daba sus ultimos coletazos a bordo desplegando sus aletas de un modo soberbio. De su boca pendía, además del aparejo de Antonio, otro que una hora antes había perdido nuestro Sebastián. Era la hora de las fotos para el recuerdo. Quise hacerlas a mis dos colegas, Antonio y Sebastián "Vargas Heredia" mostrando dos aspectos del bonito ejemplar. Porque no estaba muy seguro si se trataba de un ejemplar adulto de Cherna de ley ( Epinephelus aeneus) o era una cherne denton ( Epinephelus caninus) Para su correcta indentificación, he contado con la autorizada opinión del oceanógrafo, ex Director de Agricultura y Pesca de Baleares, y excolaborador de Pesca a bordo, Miguel Massuti (hoy fallecido). A mi petición de ayuda, contestó con una amable carta y una completísima documentación
Vea si gusta la aventura de la pesca de ese gran mero de la izquierda sobre otro naufragio Publicado en la revista Pesca a Bordo 2005
|
|---|