Pesca del pámpol y la llampuga

 

  La llampuga lampuga o dorado (Coryphaena hippurus) es aún un trofeo frecuente del pescador deportivo que pesca al curri en aguas costeras. El que ya no es tan frecuente de encontrar es el pez piloto o pámpol (naucrates ductor)  del que hace pocos años hacíamos unas pesqueras asombrosas.
       Ambos peces tienen tendencia a situarse a la sombra de objetos flotantes lo suficientemente grandes. Por ello el pescador de curricán, cuando localizaba alguno, dirigía el barco hacia el, haciendo pasar los curricanes en su proximidad.

         “Recuerdo que aquella mañana curricáneabamos a  unas 8 millas de la costa cuando localizamos un pequeño charrán posado en algo que no se divisaba desde lejos. Al acercarnos, comprobamos que se trataba de una estacha que formaba una maraña bajo la cual, y a su sombra, adivinamos la presencia de las siluetas azul verdosas de las llampugas y la librea listada de otros peces. Eran pámpoles o peces piloto. Dimos unas cuantas vueltas en torno a la estacha consiguiendo dos o tres llampugas que con sus carreras y quiebros animaron a la tripulación. Al subirlas a bordo exhibieron unos colores azul plata y oro como auténticas joyas del mar.

     Pescando pámpoles. Intentamos entonces otro tipo de pesca que se tornó rápidamente productiva  y muy divertida. Retiramos primeramente los curricanes y nos acercamos a la estacha. Detuvimos el barco y lo dejamos a la deriva. Con ayuda de un bichero y un pequeño cabo,  amarramos aquella junto a la popa. Pronto, en torno al “Chambel” y bajo su sombra, vimos mas de un centenar de pámpoles. Empezamos a pescar a continuación de otro modo. Uno de nosotros, con  caña y sedal en el que iba un señuelo plomado en forma de pez brillante, los excitaba haciendo que el pececillo metálico subiera y bajara, dando pequeños tirones bruscos. Otros pescamos  con chambeles finos sin plomo  y anzuelos cebados con trocitos de no importa qué clase de pescado.  Pronto un alegre tamborileo en cubierta y unas decenas de peces piloto a bordo dieron testimonio de la eficacia de los dos  procedimientos. Al principio eran valientes y confiados. Su forma de torpedo y cuerpo musculoso les proporcionaba una defensa vigorosa, por lo que su pesca resultó muy divertida, haciéndonos con un montón de pámpoles y unas cuantas llampugas.

       

 

                                                   

Datos biológicos. Diferentes tecnicas de pesca de llampugas

    La lampuga, dorado, delfín o mahi-mahi es muy conocida por el pescador deportivo por lo que no me entretendré en su descripción. Solo quiero señalar algunos aspectos interesantes o menos conocidos de su corta vida. Es llamada en la región valenciana llampuga, aludiendo a su velocidad ( de llampo: rayo o relámpago). Solo quiero señalar, con respecto su precioso colorido, que éste es cambiante en relación a su estado de ánimo o agotamiento, tal como se ve en las distintas fotos. Su color verde azulado en el lomo, se torna amarillo oro con incrustaciones de lapislázuli en el cuerpo, para pasar a un desvahído azul a las pocas horas de su muerte. En alguna ocasión les vi aparecer en su piel, al acercarse excitadas al cebo, unas bandas anchas de azul más intenso, tal como presentan los marlines al atacar un cebo.


    Como es sabido los machos adultos tienen una cabeza alta y poderosa con perfil parecido a un delfín, por lo que en algunos sitios se les conoce también con este nombre.
Solo hay otra especie perteneciente al mismo género. La Coriphaena equisalis), muy parecida a la anterior y que habita en el Atlántico occidental.
    La lampuga es un pez oceánico aunque se acerca también a nuestras costas mediterráneas. Le gusta, como es sabido, ponerse debajo de los objetos flotantes, para apresar los pequeños pececillos que viajan a su sombra, y acechar desde allí a otras presas. Es increíble la cantidad de llampugas que pueden navegar en torno a una pequeña tabla flotante. Los pescadores profesionales aprovechan este hábito para calar ramas de pino o planchas de corcho sujetas al fondo con una potala. De tiempo en tiempo las cercan con redes para pescarlas.
    Se ha comprobado que se reproduce en aguas cálidas, entre 20º y 30º, durante todo el año. Madura sexualmente pronto, entre 4 a 6 meses, teniendo como hemos visto, a esta edad entre 800 y algo mas del Kilo.
Hay escasa experiencia de su cultivo en piscifactorías. Existen en Hawai y Tahití, alcanzando allí los dos kilos de peso en tan solo 6 meses y los 10 o 20 kilos y un metro de talla en tan solo un año.
    Tiene pues un crecimiento extraordinario y un ciclo vital corto. Se sabe que la mayoría solo viven 3 o 4 años. La talla máxima la alcanzan en aguas oceánicas tropicales a los 5 años, alcanzando los 2´10 metros y un peso máximo de 40 kilos (actual récord IGFA). El récord en aguas Mediterráneas, fue registrado en Alicante (ver foto de mas arriba), durante la celebración de la Copa del Rey. Fue capturado por la embarcación “Wahoo”, patroneada por Pablo Ruiz. Pesó 20,4 y midió 1,26.

Diferentes técnicas de pesca

     Las llampugas o dorados se pescan de ordinario al curricán, pero hay unos modos no menos divertidos y eficaces de hacerse con un puñado de ellas. He preferido para hace mas amena la descripción, incluir parte de dos artículos míos publicados no hace mucho en Pesca a Bordo.

Pescando llampugas al currican

 

    Para esta clase de pesca utilizamos 3 cañas. En el centro, a popa, llevamos una de potencia media con línea fina de maxilón y terminal formado por 8 a 9 metros de nylon del 0´60, con quitavueltas y plomo de 150 gramos en la unión de ambas. En la punta del sedal llevamos una rapala de 9 cm. Rh (Red head) en busca de piezas más grandes. Por experiencia sabemos que este señuelo es muy versátil y es atacado lo mismo por agujas imperiales que por pequeñas llampugas de cerca del kilo. En los costados, en sendos cañeros, llevamos dos cañas finas, con pequeños carretes con monfilamento del 0,35 mm y camadas de 2 o 3 metros del 0,40 unidas a la línea por un pequeño mosquetón.

    Utilizamos de señuelos, pequeños pulpitos rojos de 5 o 6 cm, cucharillas irisadas y plumas en número de dos o tres por aparejo, separadas por unos 50 o 60 cm. No he quise poner ancorita o potera con estos señuelos para poder desclavar fácilmente sin herirlo si se clava algún pequeño atún. Así podremos volverlo al agua con plenas facultades. Los aparejos de curricán (salvo el central) no van lastrados para poder cobrar todo el sedal a punta de caña en caso de clavar alguna pieza. Unicamente, en el interior de cada pulpito, hay un pequeño plomo alargado que facilita el largar línea, consiguiendo además, que al navegar, el sedal quede algo tenso para que el viento, si incide lateralmente, no líe los aparejos. Nuestra marcha de curri es más bien rápida, unos 8 nudos, para explorar más terreno. La llampugas son muy veloces y nos alcanzarán fácilmente.

     Pescando llampugas fondeados.


Nuestro propósito aquel día era pescar llampugas fondeados, al tiempo que tentábamos a los besugos o pargos de las rocas del fondo. Sabíamos que estaban por la zona porque habíamos clavado una momentos antes.Conocíamos la querencia de las llampugas de acercarse a los barcos o cosas flotantes y no sería raro que brumeando lográramos meterlas debajo del barco. Buscamos previamente con la sonda, no lejos del acantilado submarino, alguna mancha de pescado cerca del fondo, la balizamos, averiguamos la dirección de la corriente y nos fondeamos.
     Llevamos de cebo las sardinas más pequeñas que pude hallar en la lonja y un puñado de calamares congelados. Antonio, César y yo montamos aparejos de volantín y pronto empezamos a subir aligotes, serranos y algún pargo pequeño. Es un modo también de atraer a las bandadas de llampugas que a veces suben desde el fondo tras los peces clavados en los volantines, ya que al debatirse producen las vibraciones que atraen a estos depredadores.


     Ayudé a José uno de mis compañeros, a calar las cañas en en popa en busca de las llampugas. Son las mismas cañas que habíamos utilizado para el curri, finas, con línea del 0,35. La camada era de un metro y medio y de 0,40 mm., con un par de bolitas de plomo y un anzuelo Gamakatsu del 2. Cuidadosamente cosemos media sardinita y la dejamos caer por la popa. Cuando la sardina es muy pequeña la encarnamos entera pasando el anzuelo por los ojos. Resultó que aquel día la corriente que era intensa iba en dirección contraria a la brisa, por lo que las líneas se iban hacia proa. Tuvimos que poner un globos pequeños o flotadores muy livianos para que el viento alejara del barco nuestros finos aparejos y no estorbaran la pesca con volantin. Si la corriente es favorable no ponemos ningún flotador. Así el pescado corre más libre y la faena es más bonita. Y entonces empezamos a brumear tirando trozos muy pequeños de sardina por la popa y de vez en cuando una sardina entera.También al costado del barco pusimos una bolsa de sardinas machacadas para dejar rastro de olor."


     "No pasó ni media hora cuando Antonio exclamó excitado: -¡Ahí están! ¡Van por lo menos 6 o 7!- Al elevar un buen besugo, unas cuantas llampugas subieron desde el fondo, donde probablemente se estaba alimentando, curioseando alrededor del aligote. ¡No tardarían en atacar nuestras sardinas¡ Efectivamente, al poco, el chirriar estridente del pequeño carrete hizo saltar a José hacia el cañero de popa. Una gran llampuga hundió bajo del agua el globo que teníamos a unos 10 metros del barco( ver imagen de arriba). El movimiento del globo en el agua por el viento y las guiñadas del barco hacían más tentadoras nuestras sardinas para estos veloces depredadores. José apretó algo el freno del carrete pues la llampuga hizo estallar el globo en una rápida huída hacia el fondo. ¡Son valientes estos preciosos animales! Al poco la vemos que ya en superficie, con su aleta dorsal fuera del agua, corriendo velozmente hacia el barco y poniendo en apuros a José que no podía recoger línea tan rápidamente dado el pequeño tamaño del tambor del carrete. Luego la llampuga hizo una rápida finta y se alejó de nuevo arqueando la frágil caña y haciendo chirriar la chicharra del carrete. Mas tarde dió unos saltos por encima de las olas tratando de desprenderse el anzuelo. La faena, bonita y divertida gracias a la finura del aparejo, duró al menos 5 minutos.
   Pronto fué izada a cubierta donde se revolvía y coleteaba al tiempo que exhibía sus preciosos colores verde azulado en el lomo, oro y plata en el vientre con un punteado azul oscuro por todo el cuerpo. Su colorido es más o menos intenso, virando del amarillo al verde azulado según la incidencia de la luz, apagándose luego poco a poco al morir el animal.
    Unos minutos después la otra caña se arqueó y su carrete soltó línea con rapidez. Esta vez la cojí yo. Es increíble la velocidad que desarrollan y lo que tiran estos peces. La escena se repitió una y otra vez. Los demás compañeros seguían pescando bogas serranos y aligotes. Antonio los subía lentamente para atraer la atención de las llampugas. En esto, una cabezada brusca de su caña indicó que probablemente una llampuga había atrapado un pequeño pez enganchado en el aparejo o un trozo de carnada. Me asomé por la borda. Efectivamente llevaba un besugo en un anzuelo y en otro una preciosa llampuga. Cerca, dos o tres compañeras le seguían. Una de ellas aceleró bruscamente su movimiento y entonces ví sorprendido como aparecieron bandas trasversales oscuras en su cuerpo tal como aparecen en los marlines cuando atacan los cardúmenes de pescado. ¡La excitación por la caza inminente altera también su librea!
     José y luego César entraron de nuevo en combate con las cañas de popa. Al poco Antonio que había dejado su aparejo de chambel a unos 5 o 10 metros de la superficie para tentarlas vió como la puntera de su caña se metía en el agua . -¡Debe ser muy grande!- comentó. Tras unos minutos de lucha subió a bordo una llampuga que pesó cerca de kilo y medio.


    La mañana transcurría rápida. Nos fuimos alternando en la pesca a fondo con el volantín, con el brumeo y la pesca de las llampugas. Después de capturar 4 o 5 experimenté con una de ellas una sensación extraña en un pescador. La ví luchar, correr de un lado para otro de ordinario en superficie, desplegar todo su esfuerzo por zafarse de mi anzuelo, y de pronto, sentí algo parecido a compasión por ese pobre animal al que poco a poco acercaba indefectiblemente a la muerte. Por un momento recordé fugazmente una de las últimas escenas de mi vida de cazador, porque entonces sentí algo parecido “Un gazapo joven salta de una mata. Le encañono y sigo para no disparar cerca. De pronto se para, se sienta brevemente sobre sus cuartos traseros y me mira. Levanto la escopeta incapaz de tirarle.Se arranca rápido pero ya el instinto del cazador se había agotado y lo dejé que se alejara”. Poco a poco abandoné la escopeta aunque seguí yendo al monte a ver las perdices y los conejos.
     Pronto olvidé esa sensación. La realidad es que no bastaba con clavar llampugas para subirlas a bordo. Algunas lograban soltarse, otras rompían con sus dientes cónicos de depredador nuestros finos aparejos, otras muchas eludían nuestro cebo a tiempo percibiendo el engaño. De todos modos, pensaba luego, entendía muy bién la satisfacción de “la pesca y suelta” que cada vez se impone más en los ríos y poco a poco en la mar con atunes, marlines y velas.

Pesca de la llampuga con señuelo vivo.

     "Aquel día a unas 14 millas de la costa, echamos los curricanes al agua.Iba mirando hacia atrás cuando vi saltar , cortando hacia la estela del barco, dos o 3 llampugas que parecía volar sobre las olas. Al poco la caña central se incurvó y empezó a soltar línea. Dejé el barco al ralentí y Sebastián se hizo cargo de la caña . No tenía el freno muy apretado por lo que la faena fue larga y divertida. Entre otras cosas porque mi compañero quería darme tiempo para que yo largara al mar el cebo natural en busca de otras llampugas que casi con seguridad acompañarían a la clavada. Dejé ir la línea con la pequeña alacha para que se esta alejara y se hundiera hacia el fondo como si se tratará de un pececito moribundo. Dejé el carrete abierto para que la línea saliera con facilidad. Al poco, la rápida salida del sedal me indicó que una llampuga había tragado la alacha. Cerré el carrete y dí un tirón brusco para clavar. Tras una espectacular faena, dada la finura de la caña, abatí una preciosa llampuga de casi kilo y medio. Otras se acercaron al barco."

    "Ensayando una nueva técnica".

       Entonces se le ocurrió a Antonio, pensando en la tendencia de estos peces a seguir a la que va en cabeza y también al barco. En vez de subir a bordo el pescado que iba clavado en la rapala, aún a riesgo de perderlo, lo dejamos enganchado a dos o tres metros de la popa, mientras el barco navegaba muy lentamente. Al principio la llampuga daba quiebros peligrosos que amenazaban liar el aparejo en la hélice, teniendo entonces que dominarla con la caña. Luego fatigada se acomodó a la velocidad nuestra y nos siguió nadando.
    El efecto fue sorprendente. Un banco de estos corifénidos nos siguió durante algo mas de dos horas. Otros barcos deportivos que nos adelantaban, curricaneando cerca del “Chambel Dos”, estaban asombrados de la facilidad con que las pescábamos, y ellos no lograban ni un toque. Era indudable que la llampuga que llevábamos atada en popa fue totalmente determinante."


    Pescando al lanzado con artificial. El mas eficaz resultó ser uno flotante con aspecto de caballa de 13 cm (del mismo tamaño que las alachas con las que las cebaban mis compañeros), la Salmo Whitefish 13/20g. SW13. Con ella lanzándola y recogiendo lentamente dando pequeños tirones simulando huidas, clavé varias en un momento . Una de ellas, mas grande y poderosa, me sorprendió con el carrete algo cerrado y se llevó el artificial. Probé otro de cabeza roja y cuerpo de nácar. Conseguí también alguna aunque parece que fue menos tentador. Quise probar también con la rapala de 9 cm flotante Rh que tan buen resultado nos da a curricán. En esta ocasión pareció menos eficaz. Quizás porque es un poco menos estilizada y la salmo se parecía mas a las alachas del cebo.
    
    Mientras que unos pescaban con cebo naturall otro tripulante, para excitarlas, daba con habilidad pequeños saltos en el agua a un artificial plomado. De hecho como las llevábamos cerca, el procedimiento fue también muy eficaz para lograr unas cuantas.
    Casi todas estaban entre los 800 gr y 50 cm. y 1500 gr. y 60 cm. pertenecientes como veremos a una edad de 4 o 5 meses.
   El resultado final fue, que gracias a todas las técnicas utilizadas y a la intuición de mi amigo Antonio, un veterano en este deporte, pasamos una divertida jornada de pesca logrando un buen puñado de estos preciosos y formidables corredores de la mar .

 

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